A CARA DE
PERRO.
Con esa cara
no hay ni qué hacerle,
o como decía
tú abuela:
ladra, que
el perro no muerde,
y si te
quedaste sin voz o sin ganas,
pues muerde,
que el perro no ladra.
Hazle como
quieras o como te acomode,
pero no te
rompas, corazón,
que todavía
nos falta volar.

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