¡AY DOLOR, ME VOLVISTE A DAR!
Siempre que
intentamos librarla
hay algo que
se nos malogra.
Parece
mentira, pero la verdad,
aunque nunca
se sepa,
es que tenemos
piernas de jaguar,
brazos de serpiente
y alas pa’volar.
No importa que siempre volvamos,
con las
manitos juntas donde el dolor
y le digamos
con ternura:
¡Totora, me
duele aquí!

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